Introducción Histórica:

A principios de los 80, la juventud inglesa se encontraba en estado de total desánimo. Pasada la resaca del Punk, esta estética que se había presentado como genuina y revolucionaria ocupaba ahora las tapas de las revistas de moda como “Interview” y “The Face”. La New Wave, versión pasteurizada del Punk, había tomado los medios por asalto. Gupos de saco arremangado y corbatas finitas reproducían los otrora sonidos punks para las mamás, las nenas y las tías. El Mainstream había “vampirizado” esta estética de lo supuestamente horrible, y podían verse en cualquier vidriera los otrora símbolos de la rebelión. A la vez, el gobierno conservador de Margaret Thatcher no consideraba en nada a los jóvenes de su país. El desempleo y la desazón, mas la sensación de que con la muerte del punk se había perdido una oportunidad de cambio, dejaron a los jóvenes británicos en estado de postración.

Fue en esos días en que los chicos más creativos e inquietos de Londres tomaron dos caminos, muy distintos uno del otro. Algunos, esteticistas al máximo, edonistas, decidieron que solo el brillo y el glamour podrían anestesiarlos de la decadente realidad. Crearon vestimentas vistosas y coloridas, peinados rebuscados, una pose afectada. Se reunieron el un club llamado “Blitz” en el Soho londinense, y los lunes impusieron la “Bowie Night”. Estos amantes de una estética andrógina y casi barroca fueron los “New Romantic”.